En la vida uno nunca termina de aprender. Todos ignoramos, de alguna u otra forma, ciertos temas. Lo importante es que cuando alguien hable de algo que nosotros no sepamos, seamos lo suficientemente honestos para decir que no sabemos de ese tema y así, evitamos hacer papelones por decir cosas totalmente fuera de lugar. Me pasa mucho que tengo que corregir y hacerme la de los oídos sordos con las personas que quieren presumir su conocimiento sobre un tema del que no conocen nada y del que yo sé casi todo.
Las personas que me tratan y me conocen saben que soy una persona totalmente diferente a las demás. Soy, para bien o para mal, un ejemplar único. Soy una inyección de energía a la gente que me rodea. Soy sonido, alegría, risa, baile, euforia, conversación, luz entre muchos otros sustantivos y adjetivos con los que me he autocalificado y que muchos que me conocen han asociado a mi esencia. Si bien es cierto, hay muchas personas en el mundo que comparten características conmigo, pero creo que con algunas de ellas comparto un vínculo un poco más profundo. Un vínculo llamado TDAH.
El TDAH o Trastorno de Déficit de Atención Hiperactivo es un trastorno de carácter conductual. Es decir, como todo trastorno se origina en mi cabeza pero sus signos y sus síntomas los exteriorizo en mi comportamiento. Yo fui diagnosticada a los meses de nacida con TDAH, pero hace 25 años no era tan común como ahora y no se sabía todo lo que se sabe ahora. ¿Cómo es vivir con TDAH? ¿Qué características tiene? ¿Vivo medicada? ¿Soy enferma mental? ¿Se puede tener una vida normal? ¿La gente sabe realmente qué es? Estas son solo algunas de las miles de preguntas que alguien hace cuando por a o b les comento que tengo TDAH y yo con mucho gusto se las contesto porque considero que destruyo las creencias absurdas que se tienen sobre los trastornos y que de a pocos cambio la estigmatización de estos. Yo estoy totalmente orgullosa de tener TDAH. Me gusta creer que soy algo así como una embajadora del trastorno, y es por eso que me decidí a dedicarle un artículo a mi, como yo le llamo, superpoder. Para hacer esto divertido narraré cómo fue mi niñez, mi adolescencia y cómo es mi adultez siendo una TDAH.
Para comenzar, vamos a comentar algunas características que tenemos: no podemos estar quietos, nuestra atención es muy limitada, odiamos las rutinas, las cosas más básicas se nos olvidan, sentimos todo multiplicado por 2, tenemos tendencia a la depresión y a la ansiedad, nuestros sentidos están más desarrollados por lo que son más sensibles, nuestro cerebro piensa a 1000 por hora, podemos hacer muchas cosas a la vez, tenemos un IQ bastante alto, somos impulsivos, disocio el 90% (significa que estoy físicamente en una situación, pero mi mente está en otra situación) y muchas cosas más que en las líneas siguientes iré detallando.
Ser una niña TDAH es escuchar todos los días de tu vida el clásico »¿puedes quedarte quieta?» es no entender por qué tus profesores pierden la paciencia tan rápidamente contigo, es preguntarte por qué todos te miran o susurran cuando se refieren a ti, es no poder estar sentada en clases y que tus profesores te obliguen a hacerlo. Es que tus papás y tu psicóloga particular tengan que pedir cita con los directores, la psicóloga del colegio y todos los profesores que te enseñan para hacerles entender que no eres, cómo ellos te llaman diariamente, una malcriada. Es que ellos tengan que explicar que eres una niña TDAH, lo que significa, lo que implica, cómo es que ellos deben enseñarme, cuándo deben ejercer presión y cuando no. Porque claro, yo iba a terapia todos los días. Salía del cole y me iba con mi mamá y Laura, mi hermana menor, al hospital. Yo entraba a terapia, y mi mamá y Laura se quedaban en la sala de espera haciendo las tareas de Laura. Yo pasaba más de 2 horas diarias entre mi terapia normal y mis terapias ocupacionales. Luego, mi mamá nos llevaba a hacer deporte y al final a casa. Pero la terapia no servía de nada si no era reforzada en el colegio y mis profesores con su actitud solo destruían todo lo que con mucho esfuerzo yo había logrado un día antes en la terapia. Para ellos el hecho de que yo no me siente para escribir, no los mire cuando hablaban o que esté haciendo cualquier cosa en su clase era una muestra de mi malcriadez, pero más les enojaba que a pesar de que yo no les prestara atención, cuando ellos me preguntaban algo sobre lo que habían hablado, yo les respondiera de manera correcta. Eso los hacía sentir humillados y hacía que su intolerancia por mí aumente. Lo que ellos no sabían, era que las personas como yo necesitan estar haciendo una actividad en segundo plano para captar mejor la atención. De manera que, cuando ellos dictaban y yo estaba parada en mi carpeta dibujando o jugando con plastilina, a la vez estaba escuchando, reteniendo y aprendiendo todo lo que estaban diciendo. Por el contrario, cuando ellos me obligaban a sentarme y mirarlos, me sometían a poner toda mi atención y todo mi esfuerzo en solo y únicamente esa tarea, estar sentada. No podía escuchar nada de lo que hablaban, solo escuchaba una voz en mi cabeza que se repetía una y otra vez: »quédate quieta , quédate quieta». Ser niña TDAH es que los otros niños no quieran jugar contigo porque dicen los profesores que eres enfermita y que por eso a veces no entiendes los juegos. Y, para ser sinceros, la parte en la que a veces no entendía los juegos era cierta, pero no era que no los entendía. Era que mientras ellos me explicaban el juego, yo había disociado al menos 3 veces. Ser niña TDAH es que tus compañeritos y los profesores te excluyan el 90% del tiempo, es que golpeen diariamente y constantemente esa autoestima que trabajabas en terapia y que tu psicóloga se esforzaba por fortalecer a toda costa, porque sabía de las cosas maravillosas que eras capaz de hacer si las quisieras. Ser niña TDAH es que tus papás tengan la paciencia a niveles casi santos. Es que ellos tengan que hacer de todo para que tu energía se agote porque sino no puedes dormir. Es que si estás en casa y hay silencio, significa peligro. Es arrastrar a Laura, que siempre fue una niña super tranquila, a todas mis aventuras, mis travesuras, mis planes por conquistar el mundo, mis malcriadeces y a todas las cosas buenas o malas que mi cerebro podía pensar. La verdad mi hermana siempre ha sido mi mejor compañera para todo. Ser niña TDAH es que tu mamá tenga que establecer límites y horarios para todo porque sino tu vida sería un caos. Es que siempre te diga cosas como: »tiende tu toalla», »lávate los dientes y las manos», »sé tolerante», »pon de tu parte». Es que siempre te lleve al colegio y antes de entrar te besuquee, te apapache y te diga: »Mi amor, que tengas un lindo día. Pon de tu parte por favor, sé paciente y si te molestan, no les hagas caso» te bese más y se despida con la manito mientras entras corriendo. Ser niña TDAH es que tu papá tenga que ir a terapia para aprender a castigarte porque era incapaz de ponerte límites y no contribuía con tu terapia. Pero no lo hacía por malo sino que tú, pedacito de humano hiperactivo, eras muy consciente de que él se derretía por ti y por tu hermana, y usabas ese inmenso amor y lo manipulabas a tu antojo para ser exculpada de tus malas acciones. Y siempre funcionó, hasta ahora je. Ser niña TDAH es no tenerle miedo a explorar nuevas cosas. Es aprender cosas haciéndolas 1 sola vez. Es haberte caído, incrustado cosas, cortado, que te hayan caído cosas, que se te hayan perdido cosas, incluso es haberte perdido tú misma por distraída. Ser niña TDAH es cuestionar por qué no eres como los demás, por qué las cosas te cuestan más a ti, por qué no entiendes a veces de qué habla la gente, por qué te ponen más límites a ti; pero distraerte y que esas preguntas existenciales se te olviden. Ser niña TDAH es haber vivido con matrícula condicional, es haber hecho todo tipo de deporte, es haber estado en mil cursos extracurriculares, es haber aprendido a hacer de todo. Es que tus profesores pregunten por qué diablos no te medican y que tu papá les responda que nadie va a medicar a su nena. Es ser una esponjita absorbe todo. Ser niña TDAH es haber experimentado en carne propia el bullying. Es aburrirte de tus propias terapias. Es hacer parte de tu familia a tu psicóloga. Es avergonzarte de todo lo que haces porque por más buena que seas haciéndolo te da miedo o vergüenza que se rían de ti.
Ser adolescente TDAH es realmente jodido. Si de por sí, es la etapa más difícil para las personas a eso súmale un trastorno, o dos o tres. Ser adolescente TDAH es ser totalmente consciente de tu condición. Es conocer a todo el colegio, es tener quinceañeros todos los fines de semana, es hacerle el habla a toda la gente de confirma. Es ser el doble de insoportable para tus profesores porque cuando eras niña ellos podían pisotearte pero ahora era «parao y sin polo». Es siempre estar en la dirección por haberle contestado a algún profesor, o por no ir peinada, o por hablar mucho, o por llevar la falda 1 dedo más arriba, o por ir con rímel transparente. Es bajar considerablemente tus notas. Es que se acentúen las cosas negativas del TDAH. Es comenzar a sentir crisis de ansiedad, es no entender porque a pesar de todos mis esfuerzos no voy al ritmo de los demás. Es no poder dormir porque no sabes qué quieres estudiar, porque no sabes si el chico que te gusta está interesado en ti, porque no tienes vestido para el quinceañero. Es ser muy manipulable y hacer de todo por ser como las demás jóvenes de mi edad. Es pertenecer al grupito de las más populares, pero no hacer ni la mitad de las cosas que hacen. Es tener que llevar vacacional porque era chévere. Es decirle a tus mamá que te vas a la librería y te vas a ver al chico que te gusta. Es que a los chicos no les gustabas tú porque eras bien intensita. Es empezar a descubrir quién soy en realidad, no solo la adolescente con TDAH sino la joven. Es ir sentando las bases del autocontrol, es que se te sigan olvidando las tareas más básicas. Es ir en busca de todas las aventuras, es querer experimentar todo en ese momento. Es comenzar a darte cuenta de cómo no quieres ser, es cuestionarte si realmente podrás tener una vida normal, es pelear por cualquier cosa con cualquiera. Es conocer grandes cantidades de gente. Es comenzar a darte cuenta cómo es que aprendes mejor y cuáles son tus técnicas para estudiar y aprobar. Es haber luchado muchos días para salir de la cama. Es haber llorado por cosas sin sentido, porque no tenía tal cosa, porque tal chico no me hacía caso, porque no me dejaban ir a tal sitio. Es realmente vivir en el caos porque entre tu condición y las hormonas de la adolescencia, estás al borde de la locura.
Ser adulta TDAH es un mundo nuevo. Es haber aceptado, asumido, comprendido y amado lo que soy y lo que tengo. Es haber construido una autoestima sólida y trabajarla todos los días. Es haber aprendido a vivir con mi condición sin medicación y a punta de psicólogos y terapias. Es haber logrado autocontrolarme. Es hacerme la promesa de siempre hacerme introspección, de cuidar qué siento y cómo me siento. Es vivir intensamente porque aprendiste que hoy estamos, mañana quién sabe. Es ser independiente y dependiente a la vez. Es que tus crisis de ansiedad sean más terribles de lo que alguna vez fueron y no poder manejarlas. Es comprender que tu inseguridad es una característica de tu ansiedad. Es entender que el pensamiento de que las personas siempre se van a ir, te van a dejar, o te van a cambiar es propio de la ansiedad. Es a veces llorar y no poder controlarte. Es a veces despertar y no querer ni salir de mi cama. Es ser, básicamente, una adicta al azúcar. Es vivir con la incertidumbre del mañana. Es tener la necesidad de saber qué va a pasar más adelante, pero tener que vivir con esa duda. Es hacerle entender a la gente que no es que seas dramática o exagerada, es que tener TDAH te hace sentir todo el doble. Es que cuando te gusta o te interesa un hombre prefieres dejar que eso pase porque sabes que esto del trastorno y de la complejidad que conlleva ser tú, es bien difícil de manejar. Es sentir el violento impulso de abrazarlo o besuquearlo y tener que hacer otra cosa que te distraiga para no ceder ante ese impulso porque obviamente no son nada. Es pensar y sobre pensar las cosas. Es no poder estar quieta, y si por a o b logro estar quieta, mi cabeza está a miles de kilómetros. Es poder desvincularme del mundo y sumergirme en mi cabeza. Es poder leer o escribir mientras escucho música. Es ensayar momentos en tu cabeza que aún no pasan. Es prepararte para cualquier tipo de situación antes que pase. Es escoger con semanas algo que te vas a poner en una reunión a la que quieres ir. Es que a tus casi 26 años tu mamá te diga diciendo: »tiende tu toalla». Es ser una persona muy dulce pero tener una coraza muy fuerte porque te han lastimado demasiadas veces. Es ser intensa. Ser adulta TDAH es que en cualquier trabajo todos siempre estén muy contentos contigo porque te comprometes 100% y rara vez te vas sin haber terminado tus cosas. Es que tu papá a veces olvide que tienes un trastorno porque ya los signos no son muy notorios en mi actuar, pero se acentúan más en mi cabecita. Es ser mucho más tolerante con personas con trastornos que con los que no lo tienen. Es ser adulta, pero si ves a un niño divertirte con ellos tanto como con sus papás. Es poder leer un libro en una noche. Es que tu ansiedad siempre le busque lo negativo a las situaciones. Es tener una batalla interna cada que conoces a una persona porque no sabes si debes o no decirle que eres TDAH. Es poder estar haciendo algo y de la nada sentir que te falta el aire y querer llorar. Es intentar controlar todo. Es tenerle pánico al fracaso o al rechazo. Es ver cómo la sociedad sigue estigmatizándonos, sigue estigmatizando los trastornos solo por miedo. Es ver como después de más de 20 años nada ha cambiado, es ver como sigue siendo una sociedad excluyente. Que ofende o cataloga a todo lo que no considera »normal». Es estar orgullosa de ser TDAH. Es estar orgullosa de mí y de todo lo que he logrado, porque para mí las cosas fueron el doble de difíciles. Aprender algo, hacer algo, no hacer algo fue mucho más difícil. Y aún así estar estudiando mi segunda carrera, hablar 3 idiomas, poderle salvar la vida a alguien y ser una buena persona. Es estar feliz de no encajar con la sociedad, porque sí, las personas con trastornos somos diferentes, somos mucho más humanas.
Eres y serás el mejor ser humano que conozco. Agradezco a la vida infinitamente por haberme puesto en tu camino. No sabes lo orgulloso que estoy de ti. Eres una guerrera, mi guerrera.
Te amo.
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